‘Chambre Mentale’ en Ruth Benzacar
Una reseña de la exposición Chambre Mentale del artista argentino Max Gómez Canle. Del 21 de Septiembre al 21 de Octubre del 2011.
“Esta es una recámara con muchas ventanas abiertas” enuncia el texto de la muestra hoy abierta en la galería porteña Ruth Benzacar, y realmente no está mintiendo. Max Gómez Canle abre de par en par las ventanas de su ‘recámara mental’ para dejar fluir dentro de su nueva serie la influencia explícita de los pintores que vinieron antes de él.
Algunas de estas ventanas se asoman directamente sobre la imaginería de nombres conocidos del arte argentino, como Raúl Lozza -en esa obra con los recortes geométricos de paisajes que flotan sobre un exquisito bastidor de terciopelo violeta casi medieval- y definitivamente Roberto Aizenberg, cuyas geométricas, futuristas y babilónicas construcciones son citadas a través de pequeñas figuras que parecen haber sido manipuladas y simplificadas por algún juego de video ochentero.
La exposición se compone de un inteligente y gracioso grupete de paisajes de estilo y precisión renacentista que han sido intervenidos por la incisiva estética contemporánea del artista. Algunos tienen pequeños personajes geométricos en colores primarios, otro parecen haber sido atravesados por dos rayos metálicos cuando menos lo esperaban, otro más fue tomado presa por uno de esos prismas facetados y adiamantados que habitan tantos juegos de video y aún así se mantienen estoicos y elegantes dentro de esa galería subterránea.
Pequeñas perforaciones octagonales en uno de los muros, llevan la metáfora de la ventana a otro nivel. Estos orificios a la altura de la vista no conducen a otras imágenes, son más bien una representación física de un punto de fuga -aunque no se fugan a ningún lado y nos regalan una visión dentro del mismo muro-. Son un recordatorio elocuente de aquellas obsoletas reglas formales de la historia del arte.
Frente a estos hoyitos, descansa su majestuoso y agrandado complemento: un paisaje pintado exquisitamente sobre un soporte octagonal que funciona como base de una dorada y afilada pirámide -octagonal, por supuesto- que parece haber originado los hoyos previos. Este enigmático objeto, descansa horizontalmente sobre una base cubierta por el ya mencionado terciopelo violeta. Es una pieza realmente suntuosa, casi sensual, pero también tajante en su destreza técnica. Y como si hubiese un espejo que la reflejase en el medio de la sala, descansa en la esquina opuesta de ésta, un gemelo casi idéntico de este bello artefacto únicamente diferenciado por el paisaje que representa su base.
Dentro del universo de paisajes de estilo renacentista creado por Gómez Canle para esta muestra, destaca su sensibilidad contemporánea que sabe citar a artistas históricos mientras se permite añadirle el ingrediente ‘trash digital’ encarnado por la estética de el juego de Tetris tan presente en las producciones del artista. La obra que nos recibe en el primer piso de la exhibición son unas gafas metálicas color cobre cuyos espejuelos remiten a esos polígonos irregulares tan elegantes de Lozza, pero ilustrados con paisajes clásicos de la historia del arte. Casi como una advertencia o una instrucción, estas gafas aluden a la experiencia estética que se viene. Y de poder colocárnoslas, quizás podríamos fantasiosamente internarnos en la complejidad plástica y formal de este impecable artista argentino.
- Aux Grottes!
- Fenêtres
- L’Arrière-Garde à L’Avant-Garde
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- Dyptique: En même temps / Le même rouge
- Projection Double












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